Mimito fue uno de esos proyectos raros y gratificantes en los que realmente pude comenzar con un lienzo en blanco.
Como una nueva marca de productos para bebés, necesitaban una identidad completa que encarnara sus valores fundamentales: seguridad, familia, calidez y creatividad.
Comenzamos con largas y profundas conversaciones para definir la esencia de lo que Mimito quería representar.
Exploramos juntos lenguajes visuales, revisando referencias y dando forma poco a poco a una identidad que se sintiera tanto única como natural.
El objetivo era crear algo profesional y moderno, pero sin perder la calidez ni volverse impersonal o corporativo.
El resultado es un sistema visual cálido y contemporáneo.
Cada decisión —desde el logotipo cuidadosamente diseñado con curvas suaves, hasta la paleta de colores y la tipografía— estuvo guiada por una sola idea: que los padres sientan comodidad y claridad al instante al encontrarse con la marca.
Para mí, este proyecto fue un hermoso ejercicio de traducir emociones en un lenguaje visual.
No es solo una identidad de marca: es la base significativa de un negocio que busca crecer con propósito y corazón.